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Cántabros que Contribuyen a Crear el Futuro
 
Un artículo de Marco Gª Vidart

Intel, Hewlett-Packard, Sun Microsystems, Oracle, Yahoo... Aparte de ser empresas punteras en el sector tecnológico, todas ellas tienen algo en común: están ubicadas en Silicon Valley, el «Valle del Silicio», en el estado norteamericano de California. Atascos enormes para llegar a la empresa, largas jornadas del trabajo y muy poco tiempo para las relaciones sociales caracterizan la vida en esta zona de Estados Unidos, aunque también existe allí un alto nivel de vida y una baja tasa de paro, del 3%. Considerado como el referente mundial a nivel de informática, telecomunicaciones e industria farmacéutica, entre los miles de trabajadores del «Valle del Silicio» hay decenas de españoles. Y, entre ellos, varios cántabros. Son personas que no aguardan expectantes los avances que les propondrá el futuro. Simplemente, contribuyen a crearlo.

Aunque alguno de los cántabros llegó allí por casualidad, sin intención de quedarse, otros decidieron que para tener éxito en su vida profesional debían instalarse en esta zona de California. Rodeando parte de la bahía de San Francisco, el Silicon Valley, o «Valle del Silicio», aglutina a varias de las empresas más importantes del mundo en el sector de la informática, electrónica, telecomunicaciones o farmacia. Cientos de miles de personas trabajan en este auténtico «valle de los sueños y las oportunidades», pero también «valle del trabajo duro y de la competitividad». Los cántabros son una gota en el océano, pero allí están.

Rufo de Francisco, un laredano de 34 años, decidió emigrar a Estados Unidos a finales de la década de los 80, cuando cursaba sus estudios de Física en la Universidad de Salamanca. Tras recibir dos becas de Estados Unidos, se decidió por la Universidad de Northern Arizona, en la que se licenció como ingeniero de computadoras en 1990. Tras realizar un Master en computación en la Universidad de Arizona y enviar su expediente a varias empresas, en 1992 recibió la llamada de Intel, el mayor fabricante mundial de microprocesadores.

«A los dos días, estaba volando a California, con todos los gastos pagados por Intel», comenta De Francisco. «Me entrevistaron seis ingenieros durante ocho horas, pero desde el primer momento me dí cuenta de que era el lugar de trabajo ideal para mí. Una semana después, me comunicaron que el puesto era mío».

En la actualidad, Rufo de Francisco dirige un equipo de ingenieros cuya labor es desarrolar compiladores, unos programas especializados que traducen las instrucciones de los programadores al lenguaje que los procesadores entienden. Básicamente, su misión es que los programas vayan más rápido en los procesadores Intel.

Para mejorar estas prestaciones en los ordenadores, Intel está dando los últimos retoques al Itanium, un nuevo procesador que saldrá al mercado a mediados de este año y que será más rápido que su predecesor, el ya famoso Pentium III. «Lo que pretendemos es hacer procesadores más rápidos, más pequeños y que consuman menos energía», señala Rufo de Francisco. «En la actualidad, hay chips en los que sus transistores están separados por 0,18 micras (el diámetro de un cabello humano es de 100). Por eso, ante la posibilidad de que en un futuro cercano la capacidad física del chip de silicio no pueda dar más de sí, estamos trabajando con otras posibilidades, como descender al nivel atómico del procesador. Pero para eso quedan unos cuantos años».

Por el momento, Rufo de Francisco no se plantea regresar a España más que para pasar unos días de vacaciones, tras los que suele volver a California con viandas de la tierra. «Aunque cada vez traemos menos comida, ya que una vez en Philadelphia nos requisaron un jamón y pusieron mala cara a unos frascos con bonito del Cantábrico», reconoce.

Dos «biotecnólogos»

Una de las razones que impiden a Rufo plantearse el regreso a España es que Nuria Gómez, su mujer, también trabaja en el Silicon Valley. Nacida en Santander hace 34 años y licenciada en Farmacia por la Universidad de Salamanca, acompañó a Rufo en su aventura en este lugar de California antes que quedarse en España trabajando en una farmacia.

«Al principio fue algo difícil, ya que si quería trabajar en una compañía importante, mi inglés tenía que ser tan bueno como mi español», afirma Gómez. «Por eso, tomé clases intensivas durante seis meses, en los que me pasaba casi todo el día hablando inglés. Cuando consideré que estaba preparada, me presenté a una entrevista de trabajo y me aceptaron».

Desde 1995, Nuria Gómez trabaja en Affymax Research Institute, una empresa del grupo Glaxo-Welcome ubicada en el campus de la Universidad de Stanford, cuyo trabajo consiste en la invención y mejora de tecnologías que aceleren el descubrimiento de nuevos medicamentos. En esta compañía, Nuria Gómez ocupa el puesto de asociada de investigación y junto con sus compañeros de grupo, diseña rutas químicas para la síntesis de compuestos test, para a continuación hacer miles de compuestos que los biólogos se encargarán de probar. El método para hacerlo es la química combinatorial, campo en el que Affymax es pionera y líder en el mundo y que consiste, gracias a la informática, en realizar millones de compuestos.

«Los beneficios de una compañía farmacéutica se obtienen gracias a las ventas», apunta Gómez. «Por eso, cuantos más compuestos se hagan, más posibilidades hay de dar con un medicamento que pueda llevarse al mercado. Para ello, la ayuda de la informática es fundamental. Ya tenemos bibliotecas de compuestos en los ordenadores, para analizar los datos y sacar conclusiones. En mi caso, estoy un 70% del tiempo que trabajo delante de un ordenador y sólo el 30% en el laboratorio». El objetivo a corto plazo en Affymax es que el químico trabaje directamente en una pantalla, pasando a ser un químico-informático. Todo ello con la premisa de ahorrar costes, ya que la creación de nuevos compuestos en un laboratorio es muy costosa y difícil de soportar económicamente.

Al igual que su marido, los planes inmediatos de Nuria Gómez no pasan por instalarse de nuevo en España, «aunque sí volveré para retirarme», adelanta. «Este es un país para gente joven, lleno de oportunidades».

Otro cántabro que se dedica a este campo de la biotecnología es Francisco Javier Castillo, un santanderino nacido en el barrio de Nueva Montaña hace 54 años. Licenciado en Biología por la Universidad de Caracas en 1970 y Doctor en Microbiología por el College of Medicine and Dentistry de New Jersey en 1975, llegó a California en el año 1982. Allí le surgió una oferta de trabajo por parte de una empresa de desarrollo de procesos en bioingeniería y, posteriormente, estuvo diez años en la empresa Xoma. En la actualidad este santanderino es jefe de departamento y desarrollo de fermentación de cultivos celulares en Berlex Biosciences, el centro de investigación y manufactura de la empresa farmacéutica Schering A. G., una de las más importantes del mundo en su campo.

El trabajo de Castillo se centra en el desarrollo de tratamientos contra enfermedades del sistema cardiovascular, nervioso central y en el tratamiento del cáncer. Así, uno de los proyectos más recientes consiste, mediante la técnica de la terapia genética, en llevar a las arterias del corazón el gen de una proteína que estimule la formación de vasos colaterales. «Es una especie de bypass biológico», señala Francisco Javier Castillo. Él sí que intentó regresar a España, pero no encontró ofertas de trabajo adecuadas. «El gen de esa proteína va incorporado a un virus, que se inyecta a las arterias coronarias a través de un catéter en la arteria femoral. El virus infecta las células de los capilares y las fibras del músculo cardíaco. Allí, el virus es incapaz de crecer y el gen de la proteína se activa para crear algunos vasos sanguíneos que mejoran la circulación».

Por el momento, este tratamiento genético ha sido probado en 70 pacientes con angina de pecho, que han tolerado bien este nuevo producto. Pero las posibilidades de la biotecnología todavía están por explorar. La finalización del mapa del genoma humano hace pocas semanas ha abierto muchos campos de exploración. «Erradicar todas las enfermedades, incluyendo las genéticas, aumentar la longevidad, producir alimentos para toda la población humana... son los próximos retos. De todo esto, ya tenemos algo en nuestra empresa hoy en día», reconoce Castillo. Al igual que Nuria Gómez, confiesa que piensa volver a España para jubilarse.

Una vida en el valle

José Luis Sánchez es otro santanderino en el valle del futuro. De 29 años, lleva 13 viviendo en San José, la capital simbólica del «Valle del Silicio». Tras estudiar allí el equivalente a BUP y COU, se licenció y e hizo un Master en Administración de Empresas en la Universidad de California.

En la actualidad, Sánchez trabaja en una de las empresas punteras del sector informático, Sun Microsystems. Pero su labor no es investigar en la búsqueda de un nuevo modelo de procesador, sino la de minimizar las pérdidas de la empresa desde su puesto de subdirector de riesgos. «Fijar y promover técnicas de control de prevención de riesgos financieros, revisión de contratos y negociaciones, asistencia en procesos de fusiones... esos son mis cometidos», afirma Sánchez, que trabaja desde casa un par de días a la semana para no pasar tantas horas al volante, ya que vive a 130 kilómetros de su empresa, ubicada en Palo Alto.

Trabajar en Sun Microsystems ha hecho que José Luis Sánchez también sea un experto en informática e Internet, un elemento básico en la vida de la gente en Silicon Valley. «Internet presenta un sinfín de posibilidades y creo que en el futuro seguirá reduciendo las barreras entre los hombres», apunta. «Quizá lo más preocupante es la falta de contacto humano que fomenta, aunque aquí, en el valle, la gente vive para trabajar e Internet les ayuda a mantener relaciones sociales sin tener que dejar su trabajo. Eso es algo que en España, a donde regresaría de inmediato si encontrase un trabajo adecuado, es más difícil que ocurra, ya que estamos muy acostumbrados a las relaciones cara a cara».

En una zona en la que más del 90% de los 2,3 billones de pesetas que se invirtieron en 1999 fueron para los sectores relacionados con la informática, telecomunicaciones y biotecnología, no todas las personas tienen un empleo relacionado con esos sectores. Es el caso de Silvia Diez del Corral, una torrelaveguense licenciada en Filología Inglesa por la Universidad Complutense y Master en Educación por la Universidad de Kent State, en Ohio. Desde 1997 trabaja como traductora e intérprete de español en las oficinas de Oak Grove, uno de los distritos escolares de la ciudad de San José.

«Mi trabajo consiste en traducir la mayoría de los impresos, evaluaciones, cartas y documentos en general dirigidos al grupo de padres y alumnos hispanoparlantes del distrito», comenta Silvia Diez, que decidió marcharse a Estados Unidos porque su marido, un profesor universitario estadounidense, tenía varias ofertas de trabajo en su país. «Aunque, algo típico del valle, trabajo desde casa, ya que la mayoría de los textos me los envían por correo electrónico».

Por otra parte, el caso de Guillermo Gabarain es el más peculiar de todos, ya que es el único que no se gana la vida delante de una pantalla de ordenador. A sus 25 años, este donostiarra de nacimiento pero cántabro de adopción, llegó a California hace ocho años, al conseguir su padre un trabajo de investigación. Junto con su hermano Gabriel, que también trabaja en el «Valle del Silicio», estudió allí bachillerato. Master en Psicología Familiar, en la actualidad trabaja en una clínica de salud mental, algo que podría hacer perfectamente en España.

«Pero este lugar tiene muchas ventajas», reconoce Gabarain. «Puedo seguir estudiando al mismo tiempo que trabajo, vivo en mi propio apartamento y puedo cambiar de coche cuando quiera». Al contrario que Silvia Diez, que ya está adaptada al ritmo de vida en el valle y reconoce que se quedará «mucho tiempo» en Estados Unidos, Gabarain se plantea la posibilidad de regresar a España en un plazo de tres años.

Afán de superación y la posibilidad de trabajar en una zona en la que el futuro ya es presente. Esas son las razones que han llevado a siete cántabros a trabajar en Silicon Valley, allá en California. Pero ninguno de ellos estaría allí si ese «valle de las oportunidades» hubiese estado en España.

Artículo publicado en la sección de Economía y Empleo del Diario Montañés del 25 de abril de 2000

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